
La Palabra de Dios, Simplificada
El libro de Jonás, abril 2025.
Cerramos el mes pasado con la promesa de Jesús que aun en nuestras molestias mundanas podemos encontrar paz interna al creer en Él. La situación de Job fue tremenda, pero el aceptó la situación basándose en su fe. En este punto en su vida dicha fe estaba basada en su humillación al orarle a su Dios. La humildad nos desarrolla amor, arrepentimiento y perdón hacia las experiencias que nos causan molestia de vivir situaciones indeseables.
"67Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; más ahora guardo tu palabra”. Salmo 119: 67
Ahora, veamos el capítulo tres: Job inicia manifestando lo insatisfecho e infeliz que se siente con lo que él considera injusto de su presente situación, por eso maldice el día en que nació. Él se refiere a las riquezas que le fueron arrebatadas, algunas trabajadas y otras bendecidas por Dios. En vez de iniciar algo que terminaría mal, es mejor que nunca se hubiera iniciado era su pensamiento. Miremos lo similar y lo diferente entre Jonás y Job. Job pidió su muerte en vez de ver al pueblo de Nínive perdonado de sus pecados. Job prefiere no haber nacido si su vida iba a terminar en dicha catástrofe. Job no encuentra lógica a un sufrimiento de tal magnitud. En ambos casos los dos rechazan las decisiones de Dios. Jonás por perjuicio contra el pueblo de Nínive y Job al no estar de acuerdo con su injusta situación.
Job en ningún momento de su discurso considera haber pecado intencionalmente. Estaba seguro de su dedicación con Dios. Él no le reclama a Dios nada en absoluto de su presente situación, solo trata de encontrar lógica en ¿por qué terminar en mal algo que fue tan bueno? Ósea, las cosas malas que está viviendo, pero lo acepta.
Jonás, sin embargo, trata de encontrar lógica en ¿por qué salvar a personas que eran tan malas y perversas? En ambos casos Dios respeta los argumentos de ambos hombres escuchándolos antes de contestarles o reaccionar. Esto es una lección de importancia para nosotros. Dios siempre está dispuesto a escucharnos, aunque estemos errados en nuestras peticiones y es a veces muy paciente con nosotros al contestarnos. Esto se debe a que el tiempo de Dios y sus decisiones no está controlada por nosotros. Dios, mejor que nadie, sabe lo que mejor nos conviene y cuando.
Tenemos que hacer una parada con los libros de Jonás y Job para darle luz a ciertos conocimientos necesarios antes de seguir. El primero es que ambos libros fueron escritos antes de la llegada de Jesucristo. Veamos brevemente datos históricos de la biblia de por qué Jesús llega en el tiempo y momento en que llegó. Dios seleccionó a un buen hombre llamado Abraham y le dijo que haría una nación de su generación que cubriría al mundo, Génesis 12:1-3. Por eso Abraham se considera el padre de la fe y de la raza judía porque él creyó las promesas de Dios. Para los cristianos Abraham es también nuestro padre en la fe que al mostrarnos que Dios siempre cumple sus promesas, aunque se vean imposibles. Esa es la fe que debemos tenerle a las promesas y enseñanzas que nos dejó Jesús.
A través de la descendencia de Abraham Dios establece su pueblo judío y luego los libera de la esclavitud egipcia y los lleva a la tierra prometida. Al darse el pueblo judío a conocer como un pueblo bendecido en riquezas, otros pueblos basados en diferentes culturas pelean contra los judíos para quitarles sus bienes. Es en este período que los judíos le piden a Dios que los gobierne un rey como en todas las otras naciones. Al rechazar a Dios como su gobernador en el mundo se incrementan las guerras y los reyes David y Salomón gobiernan a los judíos con gran éxito pero, después sus hijos terminan mal como reyes al violar las leyes de Dios.
Dios decide enviarle a Jesús a su pueblo judío para darles su palabra directamente y educarlos a lo que Dios quería que los judíos respetaran como mandamientos ya que se había abusado de las leyes exagerándolas o añadiéndoles rutinas y otras creencias. Pero, lo más importante fue terminar con los sacrificios de animales y substituirlos con la vida de su propio Hijo, Jesús. Como los judíos no creyeron en Jesús apropiadamente, Jesús le abre la salvación a todo el mundo y esto nos incluye ahora a nosotros los gentiles, ósea, los no nacidos como judíos. Hoy sabemos que, sin Jesucristo, no hay salvación para nadie, Juan 15:5. Entonces ¿qué salvación tenían los judíos si no había llegado Jesús? Los diez mandamientos.
Los diez mandamientos, Éxodo 20:1-17, fueron establecidos juntos con los otros mandamientos del pueblo judío. El libro Deuteronomio 5:6-21 acumula alrededor de más de 600 mandamientos para los judíos. Claramente su propósito no fue para que el hombre los pudiera seguir todos para conseguir la salvación en el cielo. Dios los fundó para que el hombre entendiera que los mandamientos son imposibles de cumplir, Eclesiastés 7:20 y Romanos 7:7-11.
Por lo tanto, somos pecadores. Nuestra fe es creer en Jesús como nuestro salvador. Jesús redujo los mandamientos a lo básico de entregarnos a Dios en fe y amor, Mateo 22:37. Es esta fe y esperanza en Jesús lo que nos enseña que dependemos de la misericordia y gracia celestial de Dios por el amor que le dediquemos a su Hijo, Jesucristo.
Jonás y Job no tenían esta información. Entonces, tanto Jonás y Job basaban sus salvaciones orando, haciendo sacrificios y tratando de ser los mejores servidores a Dios mostrando humillación y amor. Por eso encontramos a ambos en total comunicación con Dios e interrogando por qué estaban pasando lo que pasaba en sus vidas. Pero Dios no se molesta en contestarle a ellos, porque esa era la única manera de hacerlos entender que Dios estaba en control de su creación. Ahora sabemos, por las enseñanzas de Jesús que Dios siempre trabaja para nuestro bien y en su tiempo; ellos no tenían dicha información certificada por Jesús y revelada por Pablo: Romanos 8:28.
Jonás y Job se guiaban por su propia fe y por agradar a Dios siguiendo las leyes lo mejor posible. Por eso nuestra salvación no puede estar basada en nuestra “buena” conducta sino en un sacrificio completamente sagrado basado en la sangre de Jesús Él cual se entregó humildemente para nuestra salvación. Ese sacrificio de Jesús, el Hijo de Dios, abarca todos los pecados del mundo y como resultado tanto Dios como su Hijo sufrieron por nosotros al tener que separarse en la cruz. Mateo 27:46.
Entonces, es claro entender que lo que estos hombres manifiestan al mostrar sus disgustos es interrogar si el amor que siempre demostraron a Dios tuvo valor. Continuemos entonces con el capítulo cuatro de Job para contestar esta pregunta. Elifaz le aconseja a Job incorrectamente porque Elifaz es un hombre dogmático ósea, un hombre que sigue las leyes religiosas en su totalidad absolutamente y las cuales no se pueden interrogar.
“5Más ahora que el mal ha venido sobre ti, te desalientas; y cuando ha llegado hasta ti te turbas”. Job 4:5.
Elifaz no estaba presente cuando la esposa de Job le aconseja “que maldiga a Dios”, 2:9, y Job la corrige al decirle que se tiene que aceptar lo bueno y lo malo de Dios. Esta es la misma acusación de Elifaz, Job esto ya lo sabía y lo había vivido. El segundo error, es que al Elifaz haber experimentado la experiencia de un espíritu en uno de sus sueños, se siente superior a Job por esta experiencia. La implicación es que, al ser superior, Job debe de aceptar sus consejos sin interrogación. El tercer error es concluir:
“7… Así el hombre nace para la aflicción”. Job 5:7.
“17He aquí, bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga; por tanto, no menosprecies la corrección del Todopoderoso". Job 5:17.
Esto también es incorrecto porque el hombre nace para adorar a Dios, no para la aflicción. La aflicción, es cuando reaccionamos infelizmente al tener la pérdida de un ser amado o un objeto de gran valor sentimental o de importancia. Tampoco, somos bienaventurados porque Dios nos castiga, ambas promesas son negativas. Dios nos hizo por amor y para tener una relación con nosotros de dorarlo por lo grandioso que es tenerlo como nuestro Padre.
“14Porque no te has de inclinar a ningún otro Dios, pues Jehová, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es”. Éxodo 34:14.
Es basado en esta ley que Job oraba todos los días y hacía sus sacrificios y hasta los de sus hijos. Job sabía que primero Dios y todo lo demás después. Job no tenía aflicción de una perdida, su infidelidad estaba basada en porqué después de tanto bien llegaba este mal. No entendía el razonamiento del desperdicio de todo lo positivo al terminar en absoluta ruinas. Su lógica era, mejor nunca haberse iniciado lo positivo, sí el final de su propósito era terminar en un mal total. Claro que se apenaba por la muerte de sus seres queridos y la perdida de todo lo trabajado. Pero, era el final el que Job interrogaba porque terminaba en destruir su fe, que si obedecemos y amamos a Dios cómo él lo hizo, nuestras vidas deberían terminan positivas para nosotros y los que dejamos atrás, y no era así.
¿Es prudente demandar razonamiento de las acciones de Dios al nosotros no tener paciencia en obtener una respuesta a nuestras oraciones? Esta es la pregunta para nosotros en los tiempos que vivimos. ¿Es usted paciente con Dios? Si lo amamos, esperaremos sus decisiones en nuestras vida con la certeza de que solo trabaja para nuestro bien.
Hasta el mes que viene. Espero que sigan su lectura a partir del capítulo cinco. Queden con Dios.
libro de Jonás, marzo.
Llegamos al capítulo cuatro de nuestro estudio y ahora aprenderemos cómo nuestra actitud nos puede influenciar hasta la misma muerte. Esto no quiere decir que deseamos la muerte al Dios no darnos las cosas que le pedimos como lo hizo Jonás. Quiere decir que cuando nuestras acciones van en contra de las de Dios, nos estamos alejando de los deseos de Dios y eso implica que nos estamos matando por nuestra propia terquedad. Sí al pedir no sabemos cuál es la voluntad de Dios, tenemos que analizar más profundo que es lo que deseamos.
Nuestras oraciones no pueden reflejar que solamente lo que deseamos nos conviene. Así nos educa Dios. Además, mientras esperemos la respuesta por parte de Dios, tenemos que preguntarnos ¿qué tanto necesito lo que estoy pidiendo, que aún Dios no me lo otorga? Cuando aceptamos la voluntad de Dios, aunque no la entendamos inmediatamente, mostramos nuestro más elevado estado de humillación y de fe. Esto le agrada a Dios.
Sí pataleamos y nos decimos en nuestro corazón “déjame probar hacer mi voluntad mientras Dios me responde”, nos encontraremos en problemas. Analice en su corazón cuantas veces usted ha hecho esto y cuantas veces le ha salido mal. Cuando le pedimos a Dios, tenemos que saber esperar. Estudiémoslo fuertemente. Jonás era un profeta de Dios. Hablaba con Dios directamente. Podía realizar la voluntad de Dios en las demás personas. Pero, aun así, desobedeció a Dios. Se engrandeció más que Dios en juzgar a los demás. ¿Qué nos deja a nosotros que no somos profetas y que obviamente no tenemos un poder tan grande y personal como el que tuvo Jonás con Dios? ¿Tendremos éxito al llevarle la contraria a Dios en nuestras decisiones? Miren por un momento las cualidades que Jonás no deja de reconocer de Dios.
Jonás, antes de rechazar la decisión de Dios y Dios perdonar a Nínive acredita a Dios con las siguientes experiencias que ya había vivido con Dios:
* “sabía que era un Dios clemente”
* “sabía que era un Dios piadoso”
* “sabía que era un Dios tardo en enojarse”
* “sabía que era un Dios de grande amor”
* “sabía que era un Dios que perdona a los que cometen mal”. Jonás 4:2.
¿Cómo es posible reconocer estas cualidades de Dios, a través de experiencias vividas, y aun así querer llevarle la contraria? Al evaluar estas declaraciones por parte de Jonás es fácil ver su terquedad y es fácil juzgarlo como un engreído. ¿Se puede tener una relación tan personal con Dios, como la tuvo Jonás, y ser engreído? Veamos a 4:2 de nuevo, en parte:
“… ¿no es esto lo que decía estando aún en mi tierra? … que te arrepientes del mal”. Jonás 4:2.
Jonás sabía lo que pasaría sobre su perjuicio personal, Dios no cambiaría de hacer su deseo y perdonar el mal de los ninivitas. Noten que Jonás no quiere huir de la presencia de Dios; ya sabe que Dios es omnipresente y no podrá escapar de Dios aun dentro de un pez. Su conclusión ahora es querer dejar de existir y pide su muerte. Así no estaría presente en este mundo. Su objetivo, es no tener que obedecer a Dios más en esta tierra. Especialmente cuando los que se benefician son los gentiles. Noten que esta decisión Jonás la repite en los versículos 4:3, 4:8 y 4:9.
“3Ahora pues, oh, Jehová, te ruego que me quites la vida; porque mejor me es la muerte que la vida”. Jonás 4:3.
Pero, recuerden que antes de esta decisión, al terminar su oración a Dios en Jonás 2:9, Jonás afirma que “la salvación es de Dios”. Para mí, Jonás tenía toda la fe que estaría con Dios después de su muerte. Con lo que Jonás no podía vivir era que Dios, al ser tan misericordioso, podía perdonar los pecados de los que Dios consideraba merecían su perdón. Por esto nos enseñó Jesús a no juzgar a los demás. No sabemos las decisiones de Dios y mucho menos mostrarnos enojados contra nuestro creador.
Al enojarnos con Dios buscamos la muerte infinita lejos de su santa presencia. Ahora veamos la lógica de Dios para darle entendimiento a Jonás. Dios interroga a Jonás con los últimos eventos de este libro después de la salvación de Nínive. Circunstancias que Dios le regaló a Jonás y que obviamente le agradaron porque eran para su beneficio, pero que Jonás no pudo controlar.
“¿Qué vale más el placer que te puede dar la sombra de una planta o salvar la vida de ciento veinte mil personas?”
“¿Qué vale más, la lástima que tu sentiste por la pérdida de la calabacera, que la pena que yo siento si no perdono a ciento veinte mil personas?” Jonás 4:9-11.
Pero, Dios lo lleva más allá y hace a Jonás realizar que ni la calabacera, que le dio placer, ni el gusano, que le quitó el placer, ni la populación de los habitantes de Nínive fueron creados por Jonás y; por lo tanto, Jonás no tiene derecho ni potestad de enojarse por la existencia ni el futuro de Nínive. La conclusión es que todo lo que existe le pertenece a Dios y, por lo tanto, Dios decide hacer lo que Dios quiere nos guste o no. Lo importante es que si amamos a Dios cómo Él nos quiere a nosotros, entonces al obedecerlo con circunstancias que nos desagraden, incrementaremos nuestra fe porque el resultado final siempre es para nuestro bien y beneficio. En esto está basado la fe, obedecer a Dios nos guste o no, porque Dios siempre trabaja para nuestro bien.
Veamos está relación cercana con Dios más detalladamente de otro personaje de mucha importancia en la biblia. Este hombre fue Job. Se debe de leer el libro de Job en su totalidad para continuar con este estudio para mejor entendimiento. Job no era un profeta, no tenía una comunicación directa con Dios. Sin embargo, la devoción de fe que Job tenía era incomparable con el resto de la humanidad. Por lo que Dios no dudo en poner la fe de Job a prueba con Satanás. Satanás cree que si el hombre no es bendecido con cosas materiales por Dios, el hombre no tardará en “blasfemar contra Dios en su misma presencia”. Job 1:11.
A pesar de Job perder todos sus ganados, trabajadores, sus hijas e hijos, y lo demás que poseía, Job dijo en voz alta … “sea el nombre de Jehová bendito”. Job 1:22. Job perdió todos sus bienes materiales, incluyendo seres queridos, pero se mantuvo fiel. Esto llevó a Satanás agregar que sí el hombre pierde la salud con que Dios le bendice, entonces Job “blasfemaría contra Dios en su misma presencia”. Job 2:4-5. Pero, de nuevo la reacción de Job sorprende: “… ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?” Igual que la primera vez, “en todo esto no pecó Job con sus labios” incluso cuando su esposa le recomienda a Job: “maldice a Dios, y muérete”. Job 2:9-10.
La respuesta de Job es clave para entender muchos de los razonamientos de la humanidad de hoy. ¿Recibiremos el bien y no el mal? La implicación es que cuando las cosas no se dan según nuestros deseos lo vemos como un mal. Pero, al Dios negarnos lo que deseamos es porque algo mejor vendrá para nosotros. Vuelvo y repito, Dios siempre obra para nuestro bien, siempre y cuando nuestros deseos no violen sus mandamientos. Esto debería de incrementar nuestra fe cada vez que vivimos dichas experiencias.
Estoy de acuerdo con Job que la acción de los padres enterrar a los hijos no es placentero. En la línea del tiempo estamos acostumbrados a que los más viejos mueran primero, pero esto es una norma para nuestro Dios. La norma de Dios es siempre darnos lo mejor para los que en El creen. Dios le advirtió a Adán y a Eva que todos moriríamos, pero no dijo cuándo, este fue parte del castigo por desobedecer y dejarse engañar por Satanás en el paraíso.
“19 … pues polvo eres y al polvo volverás” … 22 Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no se alargue, y tome también del árbol de la vida, y viva para siempre. 23 Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado”. Génesis 3:19-23.
Desde el paraíso tenemos la muerte presente, pero la muerte nos es negativa. La muerte es lo que nos llevará ver y vivir la presencia de nuestro Dios por una eternidad en el cielo. Job mostró una fe enorme al aceptar la voluntad de Dios en su vida; Jonás desobedeció a Dios, hasta desear la muerte, porque la voluntad de Dios no era de su agrado.
“1De Jehová es la tierra y su plenitud; El mundo, y los que en habitan. 2Porque Él la fundó sobre los mares, y la afirmó sobre los ríos”. Salmo 24:1-2.
Dios está en control de su creación. Los dejo este mes con este pasaje para que se entienda que Dios dispone de lo que es suyo como Él quiere. La promesa es que, al nosotros aceptar sus deseos en nuestras vidas, nos acercaremos más a Él y viviremos bendecidos. No siempre es fácil, cómo veremos el próximo mes, pero nadie le puede decir que el desarrollarnos como cristiano no tendrá sus tribulaciones.
“33Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz, En el mundo tendréis a aflicciones; pero confiad, yo he vencido al mundo”. Juan 16:33. Promesa de Jesús.
El libro de Jonás, febrero.
Así que…
"3Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis, y descendió a Jope, y halló una nave que partía para Tarsis; y pagando su pasaje, entró en ella para irse lejos con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Jehová”, Joná1:3.
Esto suena como el plan de una persona que tiene deseo de vivir lejos de la responsabilidad que Dios le imponía al ser uno de sus profetas. Pero, al seguir leyendo aprendemos que cuando la nave se vio en serios problemas debido a la tormenta, y al descubrir que el mismo Jonás confesó que él era el problema, Jonás fue lanzado al mar según su propia recomendación. Jonás asumió su castigo para impedir que otros murieran al ser desobediente con Dios. Por esto muchos relacionan a Jonás con Jesús en que ambos se sacrificaron por los demás. Sin embargo, esto no es completamente cierto.
Jesús obedeció a su Padre hasta la muerte. Jonás murió en vez de obedecer a Dios. Obviamente no son similares. Jonás tenía el conocimiento del problema y de cómo solucionarlo también. Los marineros no tuvieron otra alternativa que cumplir con la solución que Jonás le había ofrecido de lanzarlo al mar. Jonás estuvo en lo correcto, “el mar se aquietó de su furor”, Jonás 1:15. Aquí tenemos que detenernos para algo cultural que al leerlo rápidamente se nos puede escapar. Se nos dice que los marineros:
“… dijeron cada uno a su compañero: Venid y echemos suertes, para que sepamos por causa de quién nos ha venido este mal”, Jonás 1:7.
Echar suerte es algo que encontramos en la biblia con frecuencia: 1Cronicas, Hechos, Josué. Pero, la que más recordamos es en Mateo 27:35 con relación a nuestro señor Jesús:
“35Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes, para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa, echaron suertes”. Mateo 27:35.
Este acto, de lanzar a Jonás al mar les aseguró a los marineros de donde nacía su problema, pero noten que ellos no actuaron de una vez en contra de Jonás, al Jonás confesar que la tormenta se debía a su rebelión contra Dios. Obviamente, aunque estos hombres que no creían en Jehová tampoco eran hombres que deseaban la responsabilidad de eliminar a Jonás, respetaban la vida humana.
“13 Y aquellos hombres trabajaron para hacer volver la nave a tierra; más no pudieron, porque el mar se iba embraveciendo más y más contra ellos”. Jonás 1:13.
Aquí notamos la grandeza de nuestro Dios. En versículo 5 del mismo capítulo 1 leemos: “Y los marineros tuvieron miedo, cada uno clamaba a su dios …”. Pero, al llegar a la conclusión de arrojar a Jonás al mar, le rogaron a Dios, v.14, y se convirtieron porque no querían la responsabilidad de la muerte de Jonás. En el versículo 16 aprendimos:
“16Y temieron aquellos hombres a Jehová con gran temor, y ofrecieron sacrificio a Jehová y ofrecieron votos”. Jonás 1:16.
Hacer votos significa varias cosas: hacer una promesa, hacer un acuerdo, honorar, servir, o prohibirse de disfrutar algo como un tipo de sacrificio por Dios, por ejemplo. No sabemos cuál fue el sacrificio, pero podemos concluir que su conducta fue digna en donde todos pagaron tributo y fe a Dios al mismo tiempo. Dios llegó al corazón de estos hombres para que obviamente su testimonio llegara a muchos más. Entendemos que después de vivir una experiencia como esta, estos hombres contarían lo sucedido una y otra vez.
Jonás nunca vio la obra de Dios de convertir y salvar a estos hombres.
Llegamos al capítulo 2 de nuestro libro donde encontramos el tesoro de la oración de Jonás, estando dentro del gran pez, y lo llamo un tesoro por el valor de sus palabras al arrepentirse. En esta oración desde el versículo 1hasta el 6 Jonás relata lo sucedido y sus consecuencias. Sin embargo, en el versículo 4 admite que es desechado delante de Dios; pero, al mismo tiempo reconoce a Dios como misericordioso porque alega “… más aún veré tu santo templo” lo cual implica que Jonás no pierde la esperanza ni su fe de que al final de su vida estará con Dios’ a pesar de desobedecerlo. Pidió la muerte al recomendar que lo lanzaran de la nave, pero clama su derecho de llegar al cielo. ¿contradicción?
Veamos la implicación de lo que Jonás nos dice pero que él no se aplica a sí mismo. Jonás reconoce que Dios es misericordioso y que quiere perdonar a los ninivitas de sus pecados; cosa que a Jonás no le agrada. Sin embargo, al Dios aplicarle la misma generosidad a Jonás al salvarlo del pez; Jonás aún no quiere reconocer que los ninivitas reciban el mismo bien de parte de Dios. Él si se lo merece, pero no los ninivitas.
Así somos nosotros cuando tenemos perjuicios o diferencias con los demás. A veces tenemos perjuicios contra los demás sin poder justificarlo, solo porque tenemos que vivir o tratar con personas de diferentes valores en nuestra sociedad. Jesús nos advierte a no juzgar por esta razón. Le corresponde solo a Dios juzgar. Al final del versículo 6 Jonás hace otra afirmación que nos deja sorprendido:
“… más tú sacaste mi vida de la sepultura, oh, Jehová Dios mío”. Jonás 2:6.
Aquí encontramos a Jonás contradiciéndose otra vez: a pesar de que es desobediente realiza que Dios lo perdona y que lo saca de la muerte. Esto es, razona Jonás, porque Jehová es su Dios. Jonás está limitando la populación de personas a las cuales Dios puede bendecir. O sea, sí tu eres mi Dios, no puedes ser Dios de ellos al mismo tiempo porque a mí no me agradan esas personas y no debes de bendecirlas también.
Este beneficio se le puede aplicar a Jonás, pero no a lo ninivitas. Jonás sabe que Dios tiene el poder de hacer lo que quiera, pero no para los ninivitas. Reconoce más aún, que se puede perder la misericordia de Dios al dejarse llevar por “vanidades ilusorias”, pero no la salvación de Dios. Jonás está completamente ciego al resultado de su perjuicio aún dentro de este pez. Sí reconoce que, al dar alabanzas, ofrecer sacrificios y pagar lo prometido, será salvado porque “la salvación es de Dios”, Jonás 2:9. Jonás sabe que la salvación es exclusivamente de Dios.
Queridos lectores, así también podemos proceder nosotros cuando le llevamos la contraria a Dios al perdernos en nuestra propia forma de vivir. Al dejar que nuestra fe flaquee cuando dudamos de nuestras oraciones antes de oír la respuesta de Dios. Cuando actuamos solos, o peor, cuando nos sentimos tan seguros de sí mismo que tomamos decisiones importantes sin consultar a Dios orándole por respuestas a nuestros problemas. Cuando esto sucede, Dios nos quita su misericordia, pero no nuestra salvación y por eso no nos abandona, nos corrige. Jonás sabía esto muy bien por eso el impacto de su oración con Dios estando dentro del pez. Lo corrigió al ser tragado por el pez, pero no le quita su salvación.
Llegamos al capítulo 3 de este libro y como es de esperarse, Dios le vuelve asignar la misma orden a Jonás. Esta vez Jonás hace lo debido y predica en Nínive. Jonás se ve rendido a obedecer a Dios. El resultado es que el pueblo hace ayuno, se viste de cilicio y se arrepiente. Al enterarse el rey de lo sucedido además ordenó:
“8… y clamen a Dios fuertemente; y conviértase cada uno de su mal camino, de la rapiña que hay en sus manos. 9 ¿Quién sabe si se volverá y se arrepentirá Dios, y se apartará del ardor de su ira, y no perecemos?” Jonás 2:8-9.
Dios los perdonó. Las lecciones para aprender de este libro son obedecer a Dios, arrepentirse de pecar, tener fe. Esto se muestra al orarle a Dios desde el centro de nuestras almas. Entender que al final, Dios siempre impone lo que Él quiere desde el inicio es la roca donde nos plantamos inmóvil. Dios no cambia sus buenas obras en nuestro camino, nosotros somos los que nos desviamos hacia el mal.
El libro de Jonás. Enero, 2025.
Cerramos el año pasado con el tema principal de nuestra existencia: el amor. Dios es amor y su trato con nosotros siempre es amoroso. Fuimos creados por amor y para amar a nuestro Dios. En nuestro resumen del tema encontramos que nacimos fortalecidos y preparados para amar y no temerle al amor. Aun cuando Dios nos corrige, lo hace con amor. Podemos amar y ser amados por los demás. Tenemos toda la seguridad de que ese es el deseo de nuestro Dios, porque así nos lo comunica a través de su Hijo, Jesús. Más allá, nuestra existencia fue creada por el amor que Dios nos tiene a nosotros y Dios espera sentir ese amor de parte nuestra.
Tanto es el amor de Dios que nos entregó a su Hijo para pagar el costo de nuestros pecados sufriendo en la cruz. Las enseñanzas de Jesús nos traen las condiciones de nosotros poder volver a acercarnos a la presencia de Dios para adorarlo infinitamente en el cielo, por esa bendita sangre derramada en la cruz para limpiarnos.
La presencia de Dios fue lo que Adán y Eva disfrutaron antes de la llegada del pecado. Es y sigue siendo el deseo de Dios, regresarnos a esa vida infinita a su lado para nosotros. Como pecadores la solución no descansa en nuestro poder. Dios entregó a su único Hijo para darnos salvación y para que volviéramos a disfrutar de dicho privilegio, sí creemos en Jesús.
¿Por qué el amor de Dios no fue suficiente de detener a Adán y a Eva a desobedecerlo? Veamos algunos obstáculos humanos que más nos desvían de poder compartir nuestro amor con Dios y con los demás. Para este propósito, es necesario leer el corto libro de Jonás en la biblia. Estudiaremos la experiencia de la vida del profeta Jonás y su trato con Dios.
Resumiendo el libro, aprendemos que Jonás tenía la bendición de poderse comunicar directamente con Dios. Al Dios pedirle a Jonás que fuera a predicar contra el pecado tan grande que se cometía en Nínive, Jonás mostró resistencia y pecó al negarse hacer lo que Dios le ordenó. Este libro es más que un hombre que fue tragado por un “gran pez” por desobedecer. Cambió de opinión y obedeció, predicó y salvó el pueblo de Nínive y se enojó con Dios después de hacerlo.
Un argumento a favor de Adán y Eva es que ellos fueron engañados por Satanás y él es más poderoso que el hombre. Por lo tanto, no pudieron resistir sus engaños. Jonás no puede decir lo mismo. Jonás conocía a Dios personalmente como profeta y sabía que había condiciones no favorables al desobedecer a Dios. Jonás desobedeció por su propia voluntad, nadie lo engañó. Adán y Eva descubrieron el pecado por primera vez. Jonás vivía en mundo lleno de pecado y sabía cómo profeta que Dios rechazaba esa conducta. Sabía qué, si amamos a Dios, entonces tenemos que pelear contra el pecado para honorar a Dios.
El pecado era tan enorme en Nínive que llegaba hasta el conocimiento de Dios por las suplicas de los inocentes. “…Porque ha subido su maldad delante de mí”, (1:1) le dijo Dios a Jonás. El primer acto que le desagradó a Dios fue que Jonás pensó que podía huir de su presencia y así no tener que cumplir con la orden de Dios. Un gran aprendizaje para nosotros, Dios es omnipresente y no lo podemos evitar mientras estemos en su universo: “Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis…” (1:3).
El segundo desagrado fue negarse a cumplir con la orden que Dios le había comunicado a Jonás. Nunca es buena idea desobedecer a Dios, cuando un sentimiento nos toca el corazón con una fuerte tentación y decidimos no obedecer a Dios, porque nuestro deseo o egoísmo es más importante. Cuando esto nos suceda, es hora de consultar con Dios antes de negarse a obedecer. Cuando no estamos de acuerdo con Dios en sus deseos, nuestra necesidad de comunicarle a Dios este problema es primordial porque la tentación se convierte en pecado y nos alejamos de Dios. Este tipo de pecado es muy serio porque nace de nuestro libre albedrío y eso nos hacer completamente responsable de nuestros pecados.
Finalmente, Jonás le dio más importancia en su juicio personal contra los Ninivitas que la justicia y el perdón que Dios tenía para ellos. Jonás no quería que ellos fueran perdonados y salvados. Como cristianos, siempre tenemos que comunicarnos con Dios y pedirle que nos enfoque en nuestro camino adecuado y aceptar porque no siempre vemos su propósito con claridad. Como cristianos esto no nos puede pasar pensando que podemos pecar y luego solo arrepentirnos y todo estará bien. En nuestra vida como cristianos nuestras justificaciones personales tienen que ser controladas o reveladas a Dios antes de actuar en su contra o al pedir consejo.
Veamos factores importantes sobre la actitud de Jonás. Jonás era un profeta judío. El pueblo de Nínive era gentil. Esta diferencia cultural era muy fuerte por esos años por los diferentes valores culturales y desacuerdo de tratos sociales entre los dos grupos. Jonás no se negaba al tener que predicarle a su pueblo; pero, era celoso de que la salvación de Dios llegara también a los gentiles. Estaba en desacuerdo con Dios de esta generosidad de salvación cómo si Jonás tuviese la autoridad sobre Dios de así pensar y actuar.
Asegúrense de nunca pensar así. Continuaremos el siguiente mes. Queden con Dios.